A través de la fotosíntesis, las plantas transforman la energía lumínica en energía química. Posteriormente, esta energía se utiliza para la síntesis de compuestos orgánicos a partir del CO2 atmosférico. De esta manera comienza el ciclo del carbono en la naturaleza, constituyendo los tejidos orgánicos vegetales.

Las plantas al morir quedan en la superficie del suelo, donde comienzan a sufrir una serie de transformaciones que degradan los tejidos. La fotosíntesis es un proceso fuertemente reductor, por lo que los compuestos orgánicos que se generan y que constituyen los tejidos vegetales, al morir la planta se degradan principalmente por vía oxidativa. Estos procesos de degradación pueden ser totales (mineralización), dando lugar a formas inorgánicas de los constituyentes de la materia orgánica (CO2 y elementos minerales). No obstante, los productos intermedios pueden sufrir transformaciones químicas y reagrupaciones dando lugar a la materia húmica que se une a las sustancias no humificables derivadas de las plantas.

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